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lunes, 6 de febrero de 2012

"Magnificat", de Karol Wojtyla (fragmentos)

Adora, alma mía, la gloria de tu Señor,
el Padre de la gran Poesía - tan lleno de bondad.

Él fortificó mi juventud con ritmo admirado,
mi canto, en yunque de roble, ha forjado.

Resuena, alma mía, con la gloria de tu señor,
Hacedor del Saber Angelical - benévolo Hacedor.

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¡Tú eres el Maravilloso, el Escultor de santos tallados!
- Por mi camino hay muchos abedules y robles numerosos.
- Soy como un surco soleado, un campo sembrado,
como una arista joven y brusca de los Tatras rocosos.

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Adora al Señor, alma mía, por la corazonada sigilosa,
por la primavera que entona los sentimientos góticos,
por la juventud ardiente, la copa de alegrías gozosas,
por el otoño similar a rastrojos y brezos melancólicos.

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¡Adóralo por la poesía: por la alegría y el dolor!
- La alegría de dominar el azul y el oro, la eterna morada
- porque en palabras se encarne el gozo, el gran ardor,
- porque recoges esta madurez, esta cosecha segada.

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¡Libro Eslavo de Añoranzas! Al final sigue resonante,
como de coros de Resurrección, la primaveral música,
con el canto santo y virgen, con la poesía prosternante
y con el himno de humanidad - el Divino Magníficat.

(Karol Wojtyla)

lunes, 30 de enero de 2012

"Asombro", de Karol Wojtyla

La bahía del bosque baja
al ritmo de arroyos de montaña,
en este ritmo Te me revelas,
Verbo Eterno.
Qué admirable es Tu silencio
en todo desde que se manifiesta
el mundo creado…
que junto con la bahía del bosque
por cada cuesta va bajando…
todo lo que arrastra
la cascada argentina del torrente
que cae rítmicamente desde las alturas
llevado por su propia corriente…
-llevado, ¿adónde?
¿Qué me dices, arroyo de montaña?
¿En qué lugar te encuentras conmigo?
conmigo que también voy de paso-
semejante a ti…
¿Semejante a ti?

(Déjame parar aquí-
déjame parar en el umbral,
he aquí uno de los asombros más sencillos).
Al caer, el torrente no se asombra.
Y los bosques bajan silenciosamente al ritmo del torrente
-pero, ¡el hombre se asombra!
El umbral en que el mundo lo traspasa
es el umbral del asombro.
(Antaño a este asombro lo llamaron "Adán").

Estaba solo en este asombro
entre los seres que no se asombraban
-les bastaba existir para ir pasando.
El hombre iba de paso junto a ellos
en la onda de los asombros.
Al asombrarse, seguía surgiendo
desde esta onda que lo llevaba,
como si estuviera diciendo alrededor:
"¡para! -en mí tienes el puerto",
"en mí está el sitio del encuentro
con el Verbo Eterno"-
"¡para, este pasar tiene sentido",
"tiene sentido… tiene sentido… tiene sentido!"

(Karol Wojtyla -Juan Pablo II-)