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sábado, 23 de abril de 2016

"El de ciencias naturales", de Zbigniew Herbert

No puedo recordar
su rostro
estaba de pie frente a mí en lo alto
al final de sus largas piernas separadas
veía
su cadenita de oro
su gris levita
y su flaco cuello
al que estaba prendida
una inerte corbata

fue el primero que nos enseñó
el anca de una rana muerta
que pinchada con un alfiler
violentamente se contrae

él nos introdujo
a través de un microscopio dorado
en la vida íntima
de nuestro bisabuelo
el paramecio

trajo un oscuro grano
y dijo: cornezuelo

instigado por él
en el décimo año de mi vida
fui padre
cuando tras una tensa espera

de una castaña sumergida en el agua
apareció un brote amarillo
y todo estalló en canto
alrededor

en el segundo año de la guerra
mataron al de ciencias
los malandrines de historia

si es que fue al cielo-

quizá camine ahora
sobre largos rayos
vestidos con grises medias
con una enorme red
y una caja verde
alegremente bamboleándose a su espalda

pero si no se fue allá arriba-

cuando en el sendero del bosque
encuentro un escarabajo encaramándose
a una pelotilla de arena
me acerco
me cuadro
y digo:
-buenos días señor profesor
permítame ayudarle

lo transporto delicadamente
y me quedo mirando un rato
hasta que desaparece
en la obscura sala de profesores


(Zbigniew Herbert)

miércoles, 26 de agosto de 2015

"Lluvia", de Zbigniew Herbert

Cuando mi hermano mayor
volvió de la guerra
portaba en su frente una estrellita de plata
y bajo la estrellita
un abismo

un fragmento de granada
lo alcanzó en Verdún
0 quizá en Grunwald
(no recordaba los detalles)

hablaba sin cesar
en muchas lenguas
pero la que más le gustaba
era la lengua de la historia

hasta perder el aliento
alzaba del suelo a sus camaradas caídos
Roland Feliksiak Aníbal

gritaba
que era la última cruzada
que pronto Cartago caería
y después entre sollozos reconocía
que él a Napoleón no le caía bien

mirábamos
cómo palidecía
los sentidos le abandonaban
lentamente se iba convirtiendo en un monumento

en el pabellón musical de sus oídos
apareció un bosque de piedra

y la piel de su cara
quedó abrochada
a los dos ciegos y secos
botones de sus ojos

le quedó sólo
el tacto

y qué historias
contaba con sus manos
en la derecha tenía novelas
en la izquierda memorias de un soldado

se llevaron a mi hermano
y lo trasladaron fuera de la ciudad

ahora vuelve cada otoño
delgado y callado
no quiere entrar en casa
golpea en el cristal para que salga

paseamos por las calles
y él me cuenta
historias fabulosas
tocando mi rostro
con los ciegos dedos del llanto



(Zbigniew Herbert)

lunes, 15 de julio de 2013

"Dos gotas", de Zbigniew Herbert

Los bosques ardían-
y ellos
en sus cuellos enredaban los brazos
como ramos de rosas

la gente corría a los refugios
él decía que su esposa tenía cabellos
en los que uno podía esconderse

cubiertos con una sola manta
musitaban impúdicas palabras
la letanía de los amantes

Si la cosa se ponía fea
saltaban en los ojos del otro
y los cerraban con fuerza

con tanta fuerza que no sintieron el fuego
que alcanzaba sus pestañas

hasta el final fueron audaces
hasta el final fueron fieles
hasta el final fueron parecidos
como dos gotas
detenidas al borde de la cara


(Zbigniew Herbert)