Mostrando entradas con la etiqueta Adam Zagajewski. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Adam Zagajewski. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de septiembre de 2015

"Autorretrato", de Adam Zagajewski

Entre ordenador, lápiz y máquina de escribir
se me pasa la mitad del día. Algún día se convertirá en medio siglo.
Vivo en ciudades ajenas y a veces converso
con gente ajena sobre cosas que me son ajenas.
Escucho mucha música: Bach, Mahler, Chopin, Shostakovich.
En la música encuentro la fuerza, la debilidad y el dolor, los tres elementos.
El cuarto no tiene nombre.
Leo a poetas vivos y muertos, aprendo de ellos
tenacidad, fe y orgullo. Intento comprender
a los grandes filósofos -la mayoría de las veces consigo
captar tan sólo jirones de sus valiosos pensamientos.
Me gusta dar largos paseos por las calles de París
y mirar a mis prójimos, animados por la envidia,
la ira o el deseo; observar la moneda de plata
que pasa de mano en mano y lentamente pierde
su forma redonda (se borra el perfil del emperador).
A mi lado crecen árboles que no expresan nada,
salvo su verde perfección indiferente.
Aves negras caminan por los campos
siempre esperando algo, pacientes como viudas españolas.
Ya no soy joven, mas sigue habiendo gente mayor que yo.
Me gusta el sueño profundo, cuando no estoy,
y correr en bici por caminos rurales, cuando álamos y casas
se difuminan como nubes con el buen tiempo.
A veces me dicen algo los cuadros en los museos
y la ironía se esfuma de repente.
Me encanta contemplar el rostro de mi mujer.
Cada semana, el domingo, llamo a mi padre.
Cada dos semanas me reúno con mis amigos,
de esta forma seguimos siendo fieles.
Mi país se liberó de un mal. Quisiera
que le siguiera aún otra liberación.
¿Puedo aportar algo para ello? No lo sé.
No soy hijo de la mar,
como escribió sobre sí mismo Antonio Machado,
sino del aire, la menta y el violonchelo,
y no todos los caminos del alto mundo
se cruzan con los senderos de la vida que, de momento,
a mí me pertenece.


(Adam Zagajewski)

martes, 16 de diciembre de 2014

"Oda a la suavidad", de Adam Zagajewski

Los amaneceres son ciegos como gatitos.
Las uñas crecen confiadamente, aún
saben qué tocarán. Suaves
son los sueños y la ternura como niebla
suspendida sobre nosotros, igual que la campana de Sigismundo
antes que el frío la abrazase.


(Adam Zagajewski)

domingo, 11 de noviembre de 2012

"Lava", de Adam Zagajewski

Y qué, pensé, si tienen razón
tanto Heráclito como Parménides
y uno junto al otro dos mundos existen,
uno tranquilo, el otro loco; una flecha
corre sin reflexión y la otra la observa
con tolerancia: la misma ola fluye y no fluye,
los animales nacen y mueren al mismo tiempo,
las hojas de abedules juguetean con el viento y a la vez
fenecen en la llama herrumbrosa y cruel.
La lava mata y perpetúa, el corazón golpea
y es golpeado, hubo guerra, no hubo guerra,
los judíos han muerto, los judíos viven, las ciudades ardieron,
las ciudades están en pie, el amor palidece, el beso eterno,
las alas del halcón han de ser marrones,
tú sigues conmigo aunque ya no estamos,
las naves naufragan, la arena canta y las nubes
vagabundean como jirones de velos nupciales.

Todo está perdido. Tanta alucinación. Las colinas
portan cautelosamente las largas banderas del bosque,
el moho trepa por la torre de piedra de la iglesia
y alaba con sus labios tímidamente el norte.
En el crepúsculo, los jazmines como lámparas feroces
brillan aturdidos por su propio resplandor.
En el museo se estrechan ante el lienzo oscuro
las pupilas felinas de alguien. Todo está acabado.
Los jinetes galopan en sus corceles negros, el tirano redacta
la condena a muerte repleta de errores de estilo.
La juventud se vuelve nada en el transcurso
de un solo día, los rostros de las muchachas se tornan
medallones, la desesperación se torna encanto
y los tersos frutos de las estrellas crecen en el cielo
como uvas, y la belleza dura, trémula e impasible,
y Dios está y se muere, y la noche regresa a nuestro lado
cada atardecer, y el rocío anacara el alba.


(Adam Zagajewski)

domingo, 15 de abril de 2012

"Intenta alabar al mundo herido", de Adam Zagajewski

Intenta alabar al mundo herido.
Recuerda los largos días de junio,
fresas silvestres, gotas rosadas de vino.
Los hierbajos que metódicamente invadían
las casas abandonadas de los desterrados.
Debes alabar al mundo herido.
Mirabas yates y barcos,
uno de ellos tenía que emprender un largo viaje,
al otro le aguardaba sólo la salobre nada.
Veías refugiados caminar hacia ninguna parte,
oías a los verdugos cantar
alegremente.
Deberías alabar al mundo herido.
Recuerda aquellos momentos, en la habitación blanca,
cuando estabais juntos y el visillo se movía.
Vuelve con la mente al concierto, cuando estalló
la música.
Recogías bellotas en el parque en otoño
y las hojas sobrevolaban girando las cicatrices de la tierra.
Alaba al mundo herido
y la pluma gris perdida por un mirlo,
y la luz delicada que vaga y desaparece
y regresa.

(Adam Zagajewski)

sábado, 11 de febrero de 2012

"Habla más suave", de Adam Zagajewski

Habla más suave: eres mayor que aquel
que fuiste tanto tiempo; eres mayor 
que tú mismo y sigues sin saber
qué es la ausencia, el oro, la poesía.

El agua sucia anegó la calle; una tormenta breve
sacudió esta ciudad plana, adormecida.
Cada tormenta es un adiós, cientos de fotógrafos
parecen sobrevolarnos, inmortalizar con flash
segundos de miedo y pánico.

Sabes qué es el duelo, la desesperación 
violenta que ahoga el ritmo cardiaco y el futuro.
Entre extraños llorabas, en un moderno almacén
donde el dinero, ágil, sin cesar, circulaba.

Has visto Venecia, y Siena, y en los lienzos, en la calle,
jovencísimas, tristes Madonnas que ansiaban ser
muchachas normales y bailar en carnaval.

Has visto incluso pequeñas urbes, nada bonitas,
gente vieja extenuada por el sufrimiento y el tiempo.
Ojos de santos modernos brillando en iconos
medievales, ojos ardientes de bestias salvajes.

Entre los dedos cogías guijarros de la playa La Galere,
y de pronto sentías por ellos una inmensa ternura,
por ellos y por el pino frágil, por todos los que allí
estuvieron contigo y por el mar,
que aunque potente, es tan solitario...

Una ternura inmensa, como si fuésemos huérfanos
de la misma casa, para siempre apartados los unos de los otros,
condenados a breves momentos de visitas
en las frías cárceles de la actualidad.

Habla más suave: ya no eres joven,
el éxtasis ha de pactar con semanas de ayuno,
has de elegir y abandonar, dar largas

y hablar extensamente con embajadores de secos países
y labios cuarteados, has de esperar,
escribir cartas, leer libros de quinientas páginas.
Habla más suave. No abandones la poesía.

(Adam Zagajewski)

miércoles, 8 de febrero de 2012

"Senza flash", de Adam Zagajewski

"Senza flash!" ("¡Sin flash!")
(Exclamación que se oye a menudo en las galerías italianas)

Sin llama, sin noches de insomio, sin ardor,
sin lágrimas, sin grandes pasiones, sin convencimiento.
Viviremos así: senza flash.

Queda y pausadamente, dócilmente, entre sueños,
las manos manchadas por la tinta negra de los diarios,
las caras grasientas de crema: senza flash.

Turistas sonrientes, camisas impecables,
Herr Lange und miss Fee, monsieur et madame Rien
entrarán en el museo: senza flash.

Se detendrán ante el cuadro de Piero della Francesca, donde
Cristo, casi enajenado, surge de la tumba,
resucitado, libre: senza flash.

Quizás ocurra entonces algún hecho imprevisto:
se agite el corazón bajo el tejido suave,
se haga el silencio, destelle el flash.

(Adam Zagajewski)