jueves, 14 de mayo de 2015

"Pequeña astra", de Benn Gottfried

El cadáver del conductor
de un camión de cerveza
fue alzado sobre la camilla.
Alguien le había colocado entre los dientes
una pequeña flor
oscura — clara — lila.
Cuando le saqué el paladar y la lengua
desde el pecho
con un largo cuchillo
debajo de la piel
he debido rozarla
porque la flor se deslizó
hacia el cerebro vecino.
La guardé en el tórax
entre el serrín
cuando lo cosían.
¡Bebe hasta saciarte en tu vasija!
¡Descansa en paz,
pequeña astra!


(Benn Gottfried)

"Diálogo", de Ernst Maria Richard Stadler

Dios mío, a ti te busco. Implorando la entrada, mira que me arrodillo ante tu umbral.
Mírame aquí, extraviado, mil senderos me arrastran a lo desconocido,
y ninguno de ellos me conduce a casa. Permite que huya hacia el refugio de tus jardines,
que en su tranquilidad de mediodía vuelva a hallarse mi vida dispersada.
Siempre he ido corriendo tras luces de colores,
ávido de maravillas hasta que los deseos y la vida y su fin desaparecieron en la noche.
Ahora el día alborea. Y es ahora cuando mi corazón, encerrado en la cárcel de sus propias 
acciones,
angustiado pregunta si es que tuvo sentido aquel tiempo confuso y malgastado.
Y no hay respuesta alguna. Siento tambalearse en medio de tormentas,
sin rumbo por el mar, lo que mi nave lleva de cargamento último.
Y el barco de la vida, el que por la mañana se mecía osado, emprendedor,
destroza sus tablas contra el monte imantado de un destino loco.

Paz, alma mía. ¿Acaso nada sabes de tu propia patria?
Mira, pues: en ti estás. La luz incierta que le confundía
era la lámpara sin fin que arde ante el altar de tu vida. ¿Por qué tiemblas en la oscuridad?
¿No eres tú, acaso, el instrumento mismo en el que el alboroto
de la totalidad de los sonidos se unifica en un baile nupcial? ¿No oyes la voz del niño
que quedamente canta para ti desde lo más profundo?
¿No sientes, puro, el ojo que se inclina sobre la más salvaje de tus noches?
Oh, manantial que de las mismas ubres se alimentó con aguas turbias y claras.
Oh, rosa de los vientos de tu propio destino, tormenta, noche de tempestades y 
tranquilidad,
todo tú mismo: purgatorio, ascensión y el eterno retorno.
Contempla, pues; tu último deseo, al que tendió tu vida unas manos ardientes,
ya brillaba prendido en el cielo de tu afán más temprano.
Tu dolor, tu placer desde siempre yacían encerrados en ti, como en un cofre,
y no hay nada de lo que fue y será que no haya sido tuyo desde siempre.



( Ernst Maria Richard Stadler)

lunes, 16 de marzo de 2015

"¿Fue como beso o llanto?", de Pedro Salinas

¿Fue como beso o llanto?
¿Nos hallamos
con las manos, buscándonos
a tientas, con los gritos,
clamando, con las bocas
que el vacío besaban?
¿Fue un choque de materia
y materia, combate
de pecho contra pecho,
que a fuerza de contactos
se convirtió en victoria
gozosa de los dos,
en prodigioso pacto
de tu ser con mi ser
enteros?
¿O tan sencillo fue,
tan sin esfuerzo, como
una luz que se encuentra
con otra luz, y queda
iluminado el mundo,
sin que nada se toque?


(Pedro Salinas)

sábado, 14 de febrero de 2015

"La voz del viento", de Ernestina de Champourcin

Búscame en ti. La flecha de mi vida
ha clavado sus rumbos en tu pecho
y esquivo entre tus brazos el acecho
de las cien rutas que mi paso olvida.

Despójame del ansia desmedida
que abrasaba mi espíritu en barbecho.
El roce de tus manos ha deshecho
la audacia de mi frente envanecida.

Navegaré en tus pulsos. Dicha inerte
del silencio total. Ávida muerte
donde renacen, tuyos, mis sentidos.

Ahoga entre tus labios mi tristeza,
y esta inquietud punzante que ya empieza
a taladrar mi sien con sus latidos.


(Ernestina de Champourcin)

martes, 16 de diciembre de 2014

"Oda a la suavidad", de Adam Zagajewski

Los amaneceres son ciegos como gatitos.
Las uñas crecen confiadamente, aún
saben qué tocarán. Suaves
son los sueños y la ternura como niebla
suspendida sobre nosotros, igual que la campana de Sigismundo
antes que el frío la abrazase.


(Adam Zagajewski)

viernes, 21 de noviembre de 2014

"El viejo monje me dice desde el umbral", de Lucian Blaga

Joven, tú que vas por la hierba de mi convento,
¿queda mucho aún para que se ponga el sol?
Quiero entregar mi alma
junto con las serpientes aplastadas en las madrugadas
por los palos de los pastores.
¿No me contorsioné yo también como ellas en el polvo?
¿No me retorcí yo también como ellas bajo el sol?
Mi vida ha sido todo lo que quieras,
alguna vez fiera,
otra vez flor,
otra vez campana que riñe con el cielo.

Hoy me callo y el hueco de la tumba
suena en mis oídos como una campana de arcilla.
Espero en el umbral la frescura del fin.
¿Queda mucho aún? Ven, joven,
toma tierra en las manos
y pónmela encima como agua y vino.
Bautízame con tierra.

La sombra del mundo pasa sobre mi alma.


(Lucian Blaga)

miércoles, 29 de octubre de 2014

"Aromos", de Nicanor Parra

Paseando hace años
Por una calle de aromos en flor
Supe por un amigo bien informado
Que acababas de contraer matrimonio.
Contesté que por cierto
Que yo nada tenía que ver en el asunto.
Pero a pesar de que nunca te amé
-Eso lo sabes tú mejor que yo-
Cada vez que florecen los aromos
-Imagínate tú-
Siento la misma cosa que sentí
Cuando me dispararon a boca de jarro
La noticia bastante desoladora
De que te habías casado con otro.


(Nicanor Parra)