lunes, 25 de agosto de 2014

"Para leer en forma interrogativa", de Julio Cortázar

Has visto
verdaderamente has visto
la nieve los astros los pasos afelpados de la brisa
Has tocado
de verdad has tocado
el plato el pan la cara de esa mujer que tanto amás
Has vivido
como un golpe en la frente
el instante el jadeo la caìda la fuga
Has sabido
con cada poro de la piel sabido
que tus ojos tus manos tu sexo tu blando corazón
había que tirarlos
había que llorarlos
había que inventarlos otra vez.



(Julio Cortázar)

"¿Por qué no hay más viajes a la luna?", de Mario Benedetti

Cuando el bueno de armstrong dio aquellos pasos
todos registramos cómo se movía
tosco / pesado / en un suelo blancuzco
¿o era de piedra pómez? ¿quién se acuerda?

durante un rato estuvo cavilando
y la escafandra o como se llamase
impedía que viéramos sus ojos
pero juraría que su mirada era
de pereza o abulia

algo debió explicar a su regreso
algo diferente al discurso de gloria
que le ordenaron pronunciar eufórico
entre medallas flores vítores y guirnaldas

algo debió decir en privado a sus jefes
algo importante inesperado

verbigracia / cuando estaba allá arriba
caminando como un zoombie en la luna
mi general mi coronel pensé en ustedes
y se me ocurrió no sé por qué
que debía matarlos con urgencia
uno a uno / dos a dos / etcétera

o verbigracia dos / cuando andaba allá / heroico
pisando las feísimas arrugas del satélite
imaginé que así debía ser la muerte
es decir el paisaje de la muerte

o verbigracia tres / cuando estaba en selene
paseando por la nada como un imbécil
sentí el asco infinito de la ausencia del hombre
y me dije qué mierda estoy haciendo aquí

algo así debe haber confesado a sus jefes
con su estrenada voz de robot disidente
y quizá por eso los dueños del poder
postergaron sine die los viajes a la luna.



(Mario Benedetti)

miércoles, 23 de octubre de 2013

"El hambre invitó a Dios al séder de Pésaj (La última cena)", de Isaac Goldemberg

Señor,
Un plato de sopa para la resurrección de la carne.
El mozo parece el hambre,
El hambre parece Dios.
Quien parece Nadie.
Rechina el diente en la punta del tenedor.
Hoy probó la boca el hambre de Nadie.
Señor,
Un plato de muerte
Lo quiere la boca.
Debajo de la mesa ya cavan la fosa.
Llora el cuchillo
En la punta de la carne.
Se ahoga la cuchara en la sopa.
Señor,
Un plato de sopa para la resurrección del hombre.
Sálvalo, cuchara.
Recógelo, tenedor.
Hoy la lengua probó el sabor de Nadie.
Llueve. Llueve hambre en el plato de sopa.
De la mano del cuchillo, hoy llegó el hambre
A comer con Dios.
Desde las barrigas llegaban los gritos
De los guardianes del hambre.
Dios pensaba, pensaba en su hambre.
Se sintió el exiliado en el mundo de los hombres.
Oyó que alguien sembraba semillas en los surcos del hambre.
Los esclavos del hambre copulaban en su sopa
Fecundando más hambre.
Los pies descalzos de Dios danzaban
para que lloviera más sopa
Y el hambre y la muerte yacían desnudos sobre la mesa
Atrapándose las eyaculaciones con las bocas.
Dios era la virgen herética de todas las hambres.
Llevaba un collar con los dientes de Nadie
Y su corazón era la ceniza del hombre.
Dios entró a la casa del hombre con hambre.
Entonces se asomó a su mirada. A sus ojos de tenedor,
Al color de su sopa.
Dios comía con el hambre.
Su cuchillo era la muela del hombre.
Su cuchara la espalda,
Su plato la fosa.
Enredada en la cuchara de Dios se acababa la sopa.
El hambre entraba a saco en la barriga del hombre.
En los vientres encinta.
¡Cuántas lenguas sin boca! ¡Cuántas bocas sin sopa!
Dios tiró su plato con los huesos del hombre.
Se quemó la lengua con el hambre del hombre.
Dios vio diablos en la mesa.
Vio diablos devorando al hijo del hombre.
Nadie les dé posada. Nadie.
Nadie les guarde vino en la copa. Nadie.
Ningún buen hombre. Nadie.
Ninguna buena esposa.
Ninguna buena madre.
Dios vio a los sembradores del hambre
Cayendo en su plato de sopa trozados por la cintura
En dos trozos de carne.
Vio salir de los huesos del hombre
El tenedor del ángel del fuego
Hurgando en la sopa de los dioses del hambre.


(Isaac Goldemberg)

lunes, 14 de octubre de 2013

"Bolero", de Julio Cortázar

Qué vanidad imaginar
que puedo darte todo, el amor y la dicha,
itinerarios, música, juguetes.
Es cierto que es así:
todo lo mío te lo doy, es cierto,
pero todo lo mío no te basta
como a mí no me basta que me des
todo lo tuyo.

Por eso no seremos nunca
la pareja perfecta, la tarjeta postal,
si no somos capaces de aceptar
que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno.

Por ahí un papelito
que solamente dice:

Siempre fuiste mi espejo,
quiero decir que para verme tenía que mirarte.


(Julio Cortázar)

martes, 1 de octubre de 2013

"Sonata 2", de Álvaro Mutis

Por los árboles quemados después de la tormenta.
Por las lodosas aguas del delta.
Por lo que hay de persistente en cada día.
Por el alba de las oraciones.
Por lo que tienen ciertas hojas
en sus venas color de agua
profunda y en sombra.
Por el recuerdo de esa breve felicidad
ya olvidada
y que fuera alimento de tantos años sin nombre.
Por tu voz de ronca madreperla.
Por tus noches por las que pasa la vida
en un galope de sangre y sueño
Por lo que eres ahora para mí.
Por lo que serás en el desorden de la muerte.
Por eso te guardo a mi lado
como la sombra de una ilusoria esperanza.


(Álvaro Mutis)

martes, 24 de septiembre de 2013

"Azul de ti", de Eduardo Carranza

Pensar en ti es azul, como ir vagando
por un bosque dorado al mediodía:
nacen jardines en el habla mía
y con mis nubes por tus sueños ando.

Nos une y nos separa un aire blando,
una distancia de melancolía;
yo alzo los brazos de mi poesía,
azul de ti, dolido y esperando.

Es como un horizonte de violines
o un tibio sufrimiento de jazmines
pensar en ti, de azul temperamento.

El mundo se me vuelve cristalino,
y te miro, entre lámpara de trino,
azul domingo de mi pensamiento.


(Eduardo Carranza)

sábado, 21 de septiembre de 2013

"Contribución a la estadística", de Wislawa Szymborska

De cada cien personas,

las que todo lo saben mejor:
cincuenta y dos,

las inseguras de cada paso:
casi todo el resto,

las prontas a ayudar,
siempre que no dure mucho:
hasta cuarenta y nueve,

las buenas siempre,
porque no pueden de otra forma:
cuatro, o quizá cinco,

las dispuestas a admirar sin envidia:
dieciocho,

las que viven continuamente angustiadas
por algo o por alguien:
setenta y siete,

las capaces de ser felices:
como mucho, veintitantas,

las inofensivas de una en una,
pero salvajes en grupo:
más de la mitad seguro,

las crueles
cuando las circunstancias obligan:
eso mejor no saberlo
ni siquiera aproximadamente,

las sabias a posteriori:
no muchas más
que las sabias a priori,

las que de la vida no quieren nada más que cosas:
cuarenta,
aunque quisiera equivocarme,

las encorvadas, doloridas
y sin linterna en lo oscuro:
ochenta y tres,
tarde o temprano,

las dignas de compasión:
noventa y nueve,

las mortales:
cien de cien.

Cifra que por ahora no sufre ningún cambio.


(Wislawa Szymborska)